Marià Fortuny

Reus 1838 - Roma 1874

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Biografía

Mariano Fortuny i Marsal fue uno de los artistas españoles con mayor influencia en la pintura desde la muerte de Goya hasta comienzos del siglo XX. Procedente de una familia de tradición artesanal, quedó huérfano muy joven y fue criado por su abuelo, quien supo reconocer su predisposición artística y favoreció el desarrollo de sus habilidades técnicas y manuales desde pequeño. Su formación académica empezó en la Escuela Municipal de Arte de Reus, donde el pintor Domènec Soberano (1825–1909) lo acercó al mundo de las litografías. Con su condiscípulo Josep Tapiró (1836–1913) abordó la pintura de paisaje y entró en contacto con las composiciones pictóricas nazarenas, aspectos en los que profundizaría durante su estancia en Barcelona, ciudad a la que se trasladó a comienzos de la década de 1850. Una vez allí, ingresó en el taller del escultor Domènec Talarn (1812–1902). Asimismo, logró acceder a la Escuela de Bellas Artes de la Lonja. En esta época, el dibujo rígido de las figuras y la tendencia romántica testimonian la influencia de sus maestros Pablo Milà (1810–1883) y Claudi Lorenzale (1814–1889). Por otra parte, con Luis Rigalt (1814–1894) ahondó en la pintura de paisaje, que ya había explorado de manera más libre en su ciudad natal. En esta primera etapa de su producción artística se percibe la personalidad de un artista poliédrico, maestro en una pluralidad de orientaciones estilísticas y capaz de destacar en un amplio abanico de técnicas. En 1858 Fortuny ingresó en la Academia Chigi de Roma y se dedicó al estudio y realización de modelos al natural. La evolución de su estilo renovador y el firme dominio de la técnica son visibles sobre todo en el dibujo, más fino y preciso. Dos años más tarde, la Diputación de Barcelona le encargó varias obras destinadas al Salón de Sesiones, que debían representar los principales acontecimientos de la Guerra de África. Con el fin de ejecutar este encargo de manera más realista, el artista viajó a Marruecos para estudiar los escenarios y realizar bocetos del natural. Esta experiencia, que lo acercó a circunstancias extremas como la guerra y la muerte, marcó profundamente su manera de observar y lo transformó en un artista maduro. En Marruecos, Fortuny descubrió aspectos totalmente desconocidos respecto a su producción anterior, que influirían decisivamente en su obra posterior. El paisaje oriental y la luz africana provocaron un cambio importante en su manera de reproducir la realidad. La atención al dibujo que caracterizaba al maestro siguió presente, pero quedó relegada a un segundo plano ante el interés por el luminismo y las atmósferas. Una luz potente se convirtió en la principal protagonista de sus obras, caracterizadas a partir de entonces por un toque de pincel rápido y abocetado, un fuerte claroscuro y una paleta de colores vivos. Este nuevo estilo, próximo al impresionismo, hizo que Fortuny fuera considerado el creador del luminismo en España. Después del primer viaje a Marruecos, el artista pasó una época viajando por Europa y visitó los museos de grandes ciudades artísticas como Madrid, París y Roma. En la capital francesa asistió a la renovación de la técnica del aguafuerte, que desde entonces empezó a desarrollar, convirtiéndose así en uno de sus máximos representantes españoles. Entre 1863 y 1868 se movió entre España e Italia, dedicándose al trabajo del natural. En particular, visitó Nápoles para conocer la obra de Domenico Morelli (1823–1901) y Filippo Pallizzi (1818–1899), y Florencia, donde posiblemente entró en contacto con los macchiaioli. Viajó otras veces a Marruecos, abordando temas costumbristas y motivos arquitectónicos del mundo árabe, que trató con el orientalismo que se puso de moda en toda Europa. Las composiciones denotan una mayor atención al orden geométrico; las líneas de sombras y contrastes sugieren las diferencias entre los diversos planos de profundidad. Poco a poco, el protagonismo del dibujo y la minuciosidad de la primera época dejaron paso a una factura fluida y abocetada, en la que el luminismo demuestra el estudio del natural y la voluntad de captar el ambiente y reproducirlo de manera fiel, una tendencia conectada con el descubrimiento de la fotografía. Los últimos años de su breve vida, cuando su fama ya estaba consolidada, el artista se trasladó a Granada y viajó nuevamente a París, Portici y Roma, donde murió de una úlcera de estómago en noviembre de 1874, con solo treinta y seis años.