La galeria Artur Ramon recupera l’obra de Dominica Sánchez

lavanguardia.com  21/02/2022

Josep Playà Maset

Maria Lluïsa Borràs, que ejerció durante 25 años la crítica de arte en La Vanguardia (1977-2002), afirmó a raíz de una exposición en el Museu de Sant Pol de Mar ahora hace veinte años que “las pinturas de Dominica Sánchez son en realidad paisajes interiores, una pintura de clima, de sentimientos, de estados emocionales”. Y aquellos paisajes íntimos y espirituales realizados con carbón y pigmentos de pastel vuelven ahora al Espacio de Arte Artur Ramon para celebrar esta efemérides.

Mònica Ramon, que ha comisariado la exposición, ha querido rendir un doble homenaje: a Dominica Sánchez (Barcelona, 1945),una artista más conocida en el ámbito del coleccionismo y las galerías que del gran público, y a Maria Lluïsa Borràs, una de sus descubridoras, de quien se cumplen doce años de su muerte y veinte de aquella reseña donde descubría la espiritualidad de la pintura de Sánchez y la ponía en la estela de una tendencia que Miró  y Tàpies habían reivindicado en la pintura catalana.

La exposición es también un homenaje a Maria Lluïsa Borràs, durante 25 años crítica en ‘LaVanguardia’

La exposición Dominica Sánchez. Obras desde el 2002, que estará abierta hasta el 4 de marzo, muestra una treintena de obras, entre pinturas (las que presentó en el 2002 en Sant Pol de Mar) y dibujos y esculturas de la misma época o posterior. Unas obras con una raíz cubista que han pasado por el filtro de la austeridad y la autenticidad que la artista busca en su proceso creativo.“ Las esculturas  –explica Dominica Sánchez– –las hago siempre a partir de un modelo en cartón recortado y después las traslado al hierro. Antes con la ayuda de mi hermano, que era cerrajero, y ahora a través de un pequeño taller de Sant Iscle”. Son esculturas pequeñas, geométricas, que combinan perfectamente con sus dibujos y pinturas. Las piezas que provienen de la exposición del 2002, son pasteles sobre madera, de 122×122 cm y destacan por una gestualidad espontánea. Maria lluïsa Borràs veía en su carácter introspectivo una evocación de la naturaleza.

Dominica Sánchez no ha sido muy prolífica en entrevistas. Su carrera artística arranca tarde. No hizo su primera exposición hasta el año 1981, con 36 años, en Calella, donde vivía. Es entonces cuando empieza a dedicarse profesionalmente a la pintura, aunque desde joven se había volcado. Fue a la Lonja de los 16 a los 20 años y después a una escuela de grabado en Calella, población en la que durante un tiempo tuvo también una tienda de cerámica popular.

En el año 1989 expone en Barcelona y empieza a trabajar con la  galería Tom Maddock. A partir de entonces dos hitos marcarán su carrera. a. A finales de los noventa llega a un acuerdo con la marchante y mecenas Denise Levy, de París, para quien trabajará en exclusiva tres años. Y en 1994recibe una beca de la fundación Pollock Krasner de Nueva York.

Aunque ha podido vivir de su pintura, su obra no está presente en los museos catalanes. “Es cierto–afirma–,pero nunca he pensado en llegar lejos, mi inmediatez era exponer. La casualidad hizo que Maria Lluïsa Borràs viniera a conocer mi estudio y se interesara por lo que hacía. Y ahora estoy satisfecha porque la Generalitat me ha comprado una pieza para el Museo de Cerdanyola, donde expuse cuando se inauguró”.

Cuando se le pregunta si cree que ha sufrido una discriminación de género, afirma que al menos no es consciente. “Una vez cuando me presenté en una galería me dijeron que cuando tuviera los hijos más mayores me podría dedicar al máximo a la pintura, pero más que un problema por ser mujer he sufrido las dificultades que tenemos todos los artistas para tener presencia”.