{"id":28082,"date":"2020-06-23T10:57:06","date_gmt":"2020-06-23T08:57:06","guid":{"rendered":"https:\/\/nova.arturamon.com\/sin-mascarilla-elogio-de-la-boca-i\/"},"modified":"2021-01-04T18:16:23","modified_gmt":"2021-01-04T17:16:23","slug":"sin-mascarilla-elogio-de-la-boca-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arturamon.com\/es\/sin-mascarilla-elogio-de-la-boca-i\/","title":{"rendered":"Sin mascarilla: Elogio de la boca (I)"},"content":{"rendered":"<p>Gregory Peck engatusa a Audrey Hepburn en\u00a0<em>Roman Holiday<\/em>\u00a0(1953).<\/p>\n<p>Por Artur Ramon\u00a0| <a href=\"https:\/\/www.miradorarts.com\/es\/sin-mascarilla-elogio-de-la-boca-i\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">miradorarts.com<\/a><\/p>\n<h4 class=\"destacat\">En el paisaje del rostro la boca es la cueva. Sus labios enmarcan este orificio singular, a trav\u00e9s del que nos nutrimos, hablamos, sonre\u00edmos y amamos. Estudiando la boca, el m\u00e9dico sabe c\u00f3mo nos encontramos, ya que su mucosa es un indicador fiable de nuestra salud.<\/h4>\n<p>La boca en t\u00e9rminos culturales es una met\u00e1fora de la verdad articulada en el lenguaje, en las palabras. Recuerdo mis visitas a la\u00a0<em>Bocca della Verit\u00e0<\/em>\u00a0en Roma. Una antigua m\u00e1scara en m\u00e1rmol de casi dos metros de di\u00e1metro, redonda como una rueda, que representa un hombre con barba que cuelga en la pared del pronaos en la iglesia de Santa Mar\u00eda in Cosmedin. Antes de verla en directo, la conoc\u00eda a trav\u00e9s del cine. En una escena de\u00a0<em>Vacaciones en Roma<\/em>, Gregory Peck le cuenta a Audrey Hepburn delante del monumento la antigua leyenda: quien pone la mano en la boca y miente, la pierde. Peck, sin avisar a la actriz, escondi\u00f3 la mano en la manga y la c\u00e1ndida Audrey se asust\u00f3. Al ver la reacci\u00f3n el director incluy\u00f3 la escena en la pel\u00edcula. Quise reproducir este episodio cuando llev\u00e9 a mi novia a conocer Roma, pero no me sali\u00f3 bien porque ella ya sab\u00eda de qu\u00e9 iba la pel\u00edcula y qued\u00e9 como un pardillo.<\/p>\n<p>Por la boca muere el pez, dice el refr\u00e1n. O lo que es lo mismo, somos tan prisioneros de nuestras palabras como due\u00f1os de nuestros silencios, como dijo Mahatma Gandhi. El mundo posCovid19 nos ha tapado la boca, al menos en p\u00fablico. El coronavirus nos ha borrado la sonrisa y en las ciudades se despliega un inventario de cabezas con ojos melanc\u00f3licos, con ciudadanos reconvertidos en cirujanos improvisados; algunos completan el kit pospandemia con las viseras protectoras de los soldadores y sospechosos guantes de l\u00e1tex.<\/p>\n<p>Una cara sin boca es como un d\u00eda sin sol. Cuando cae la tarde y la luz de clara de huevo se va diluyendo en la oscuridad, las farolas ba\u00f1an de blanco o naranja las calles devenidas ahora quir\u00f3fanos y hacen m\u00e1s inquietantes a las personas con bozal. De d\u00eda todo parece mentira, con los reba\u00f1os familiares que salen a finales de la tarde como en una romer\u00eda, pero de noche asoman los fantasmas, figuras inquietantes que vemos en los cuadros de Ensor o de Solana con sus m\u00e1scaras y sus sarc\u00e1sticas sonrisas que presagian lo peor. Pero no hay que confundir la m\u00e1scara con la mascarilla, porque son antag\u00f3nicos. La primera tapa los ojos, la segunda la boca. Una m\u00e1scara o careta es una pieza que oculta el rostro y desde los albores del mundo lleva impl\u00edcita el simbolismo, el rito, lo er\u00f3tico. Con la m\u00e1scara toda la fuerza pasa a la boca mientras se niega el misterio de la mirada.<\/p>\n<p>Son las m\u00e1scaras tr\u00e1gicas que usaron los griegos y los romanos, las caretas burlescas que usaron los actores de la\u00a0<em>Commedia dell\u2018arte<\/em>\u00a0en el Renacimiento. Las vemos en las damas venecianas que pint\u00f3 Tiepolo, cortesanas que escond\u00edan su belleza como un tesoro que pocos pod\u00edan desvelar. Tambi\u00e9n vemos un repertorio de m\u00e1scaras en\u00a0<em>Eyes wide shut<\/em>, la \u00faltima pel\u00edcula de Kubrick, cuando el protagonista, interpretado por Tom Cruise, entra en un palacete cerca de Londres, una casa a medio camino entre las que narr\u00f3 el Marqu\u00e9s de Sade y la de Hugh Hefner, con la m\u00e1scara puesta y una contrase\u00f1a: \u201cFidelio\u201d (no la olvidar\u00e9 nunca, por si acaso). \u00bfQu\u00e9 prefiero: un rostro sin ojos o una cara sin boca? \u00bfUna m\u00e1scara o una mascarilla? Sin duda, la m\u00e1scara que lleva impl\u00edcita la fuerza transgresora de lo prohibido y lo sensual, mientras la mascarilla robotiza al hombre convirti\u00e9ndolo en un ser siniestro a medio camino de Frankenstein y un forense.<\/p>\n<p>El cr\u00edtico Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna fue, entre tantas otras cosas, el inventor del tuit. Sus greguer\u00edas son el primer embri\u00f3n de Twitter. \u201cComo daba besos lentos duraban m\u00e1s sus amores\u201d dice Ram\u00f3n. En resoluci\u00f3n, el beso es la expresi\u00f3n m\u00e1s hermosa de la boca y como m\u00e1s lento sea mejor. Pienso en esta greguer\u00eda ramoniana mientras veo\u00a0<em>El mundo nace en cada beso<\/em>, el fotomosaico de Joan Fontcuberta en la plaza Isidre Nonell. Dos labios carnosos se rozan en un beso ambiguo, sin g\u00e9nero. La boca, s\u00ed\u2026 Volvemos lentamente a la vida con la esperanza de recuperar pronto nuestros rostros para volver a sentirnos completamente humanos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gregory Peck engatusa a Audrey Hepburn en\u00a0Roman Holiday\u00a0(1953). Por Artur Ramon\u00a0| miradorarts.com En el paisaje del rostro la boca es la cueva. 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