{"id":15609,"date":"2011-11-29T13:34:02","date_gmt":"2011-11-29T12:34:02","guid":{"rendered":"https:\/\/nova.arturamon.com\/nostalgia-del-messina\/"},"modified":"2019-11-19T12:38:55","modified_gmt":"2019-11-19T11:38:55","slug":"nostalgia-del-messina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arturamon.com\/es\/nostalgia-del-messina\/","title":{"rendered":"Nostalgia del Antonello da Messina"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/arturamon.com\/bloc\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/p03092a01nf2003.jpeg\" data-rel=\"lightbox-image-0\" data-rl_title=\"\" data-rl_caption=\"\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-605\" title=\"\" src=\"https:\/\/arturamon.com\/bloc\/wp-content\/uploads\/2011\/11\/p03092a01nf2003.jpeg\" alt=\"\" width=\"342\" height=\"482\" \/><\/a><\/p>\n<p>Todos los anticuarios sabemos que no debemos dejar nunca la tienda. Hay una especie de ley de Murfy que dice que cuando est\u00e1s no pasa nada pero cuando marchas llega el cliente o te ofrecen el cuadro de tu vida. Esto es lo que le pas\u00f3 a un amigo anticuario. Acababa de abrir su negocio en Madrid cuando un d\u00eda de julio de 1965 viaj\u00f3 a Barcelona donde le hab\u00edan avisado por unas tallas g\u00f3ticas dejando la tienda a cargo de su mujer. Justamente entonces apareci\u00f3 un se\u00f1or vasco que llevaba envuelto en una manta una pintura sobre tabla que representaba una Piedad. Un angelito pelirrojo lloraba sujetando el cuerpo muerto de Cristo. A la izquierda, hab\u00eda una calavera. Al fondo, un paisaje mediterr\u00e1neo. Le respondi\u00f3 que ella no pod\u00eda tomar la decisi\u00f3n de adquirir el cuadro. Por la noche, cuando el anticuario llam\u00f3 para saber qu\u00e9 hab\u00eda pasado, su esposa le coment\u00f3 que le hab\u00edan ofrecido una pintura sobre tabla por 500.000 ptas, que el hombre ten\u00eda mucha prisa y que no le hab\u00edan dejado ni una foto. De regreso, el anticuario indag\u00f3 y supo que el cuadro era una joya de uno de los m\u00e1ximos artistas del Quatrocentto italiano: el siciliano Antonello da Messina, llamado as\u00ed por la ciudad que lo vio nacer. Tambi\u00e9n supo que los propietarios ya hab\u00edan llegado a un acuerdo para venderlo al Museo del Prado.<\/p>\n<p>En una de las obras de mayor intensidad sentimental del Renacimiento italiano, la escena se concentra en el contraste de la cabeza del Cristo con los ojos cerrados y la boca abierta y el \u00e1ngel que sujeta mientras llora. Antonello da Messina pint\u00f3 una tabla con el mismo modelo de Cristo que se conserva en el Louvre. El mismo rostro pero lleva la corona de espinas en la cabeza y tiene los ojos bien abiertos, dos l\u00e1grimas resbalan por su mejilla. Los especialistas dudan de cual de ellas va antes y si fueron pintadas en Venecia (hay un eco de la pintura de Giovanni Bellini) o de regreso a Messina (en el fondo del paisaje aparece la c\u00fapula de la ciudad) en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida entre el 1475 o antes del 1479, fecha de su muerte.<\/p>\n<p>Sea como sea, cada vez que voy al Prado me detengo a observar esta obra maestra de todos los tiempos. Me fascina el detalle casi de orfebre del paisaje donde las calaveras y los huesos parecen piedras como en un Tanguy <em>avant la lettre<\/em>. Detr\u00e1s de la imagen tampoco dejo de pensar que mi amigo lo hubiera podido comprar por lo que entonces val\u00eda un coche si no hubiera dejado la tienda para ir a Barcelona a ver unas tallas que resultaron ser todas falsas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los anticuarios sabemos que no debemos dejar nunca la tienda. 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