Cuando Velázquez presentó al papa Inocencio X el retrato que le había realizado, el pontífice exclamó: «troppo reale», demasiado real. Algo similar debió decir la reina de Inglaterra, Isabel II, cuando vio el cuadro de Antony Williams que la presentaba más como una dama jubilada de manos venosas que como la imagen idealizada de la máxima autoridad de su país. Debió comentar: «too real».
Antony Williams pertenece a la estirpe de pintores que surgen de las raíces de la realidad. En sus témperas y sus dibujos, indaga en la profundidad emocional que se esconde tras el modelo o el retratado. En el fondo, sus obras son compendios de una historia de la pintura demasiado real, de Holbein o Antonello a Freud o Bacon, pasando por Andrew Wyeth, el gran pintor de témperas realistas.
Conocimos la obra de Antony Williams en 1999, en una exposición en la Sala Parés. Nos sorprendió, y compramos algunos de sus cuadros. Una década después, Antony Williams regresa a Barcelona. Es una satisfacción devolver a nuestra ciudad una de las voces británicas más potentes en el panorama del arte contemporáneo actual, en el que, afortunadamente, aún existe un espacio, en especial en Gran Bretaña, país de larga tradición académica, para la pintura demasiado real. Y nos complace poder hacerlo a través de sus dibujos, en los que se impone el desnudo femenino, y de algunas témperas que ven la luz por primera vez fuera de su estudio.
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